Ha sido la gran desgracia de la Iglesia, ya desde antes del CV II, aunque agravada tras él, como es evidente.
Y me explico, con un ejemplo «a lo vivo» de lo que ha supuesto esta debacle, en la persona del Obispo Labaka -de la Diócesis de Bilbao, creo, capuchino y sacerdote, misionero en China y en Ecuador, prefecto apostólico para los indios Huaorani-, cuyo proceso de beatificación está en marcha, junto a una religiosa, la hermana Inés: colombiana, terciaria capuchina de la Sagrada Familia; permaneció con Labaka hasta la muerte del obispo, contra el parecer de sus Superioras.
En el proceso del obispo está incluida el de la religiosa. De momento, creo que ambos son «venerables».
Al ver la noticia en Infocatólica, lo primero que pensé fue que era «fake». Pero enseguida me dí cuenta de que era la foto real del «bajonazo» que la propia Iglesia, antes Católica por supuesto, se ha buscado a sí misma, de arriba a abajo: se ha rasgado el velo de lo Sagrado, de la Verdad, de la Presencia de Cristo, de su Origen y de su Fin.
TODO ha desaparecido: sólo quedan cenizas, trampantojos, rituales que no significan nada, misiones sin misión, profetas sin oficio ni beneficio, impostores, sacrilegios, burlas blasfemas, simulacros, estafas, traiciones…, y così via, como dicen por Roma. Los romanos, no el Vaticano.
Cuando el Labaka, Mons., escribe sus Memorias, lo primero que deja claro son dos cosas, fundamentales para él, que marcaron su vida hasta su final.
La primera: que, en cuanto llego a Ecuador ¡como Misionero y Sacerdote!, tuvo clarísimo que no buscaba evangelizar, sino «recibir de ellos todas las ‘semillas del Verbo’ ocultas en su vida real y en su cultura, donde vive el Dios Desconocido». ¡Toma ciribicundia, Marcelo!
La segunda: que como no pretendía evangelizar, se sintió «obligado» a «convertirse» e «inculturizarse» por los Huaorani. Y no perdió el tiempo.
Como vio enseguida que, entre sus costumbres ancestrales, imperaba el ‘desnudo integral’, no se le ocurrió otra cosa, para demostrarles sus buenísimas intenciones, que ponerse in puribus, que dicen los clásicos –«en cueros», en castellano pudoroso, o «como lo trajo su santa madre»: también pudoroso al máximo; otras expresiones en español, me las reservo-: ni hizo falta que se lo pidieran: ya estaba él dispuesto a lo que fuese «por el reino…, de la selva», al parecer: otro «reino» no entraba en sus planes.
Como el calor es más que notable, junto a una humedad que se sale, se duerme también «con todo al aire»: para no ahogarse en el intento. Y, como están todos en el mismo habitáculo, cuenta que es normal en huaorani el acostarse con quien cada uno quiere. De tal modo que toda «diversión» siempre es poca.
Como era obligado, cada vez que se incorporaban nuevos misioneros/as, el Labaka les instruía sobre los modos y maneras de los indígenas, y cómo había que proceder para que no se molestasen, y les tuvieran por suyos. Al principio, había resistencias, especialmente entre las religiosas, pero todo el mundo acababa cediendo: todo fuese «para no crear complejos de culpabilidad en una cultura de madurez sexual extraordinaria». Palabras literales del Mons.
«Porque -sigue el tal- Dios ha querido guardar en este pueblo la manera de vivir la moral natural como en el Paraíso antes del pecado». Como una cabra, oigan. Pues ¡Obispo! Con un par.
Para qué seguir; aunque hay más cosas, lógicamente.
Bueno, «pues a lo que íbamos, Rosa». Lo de «venerables» y apertura del Proceso viene de Francisco, como habrán adivinado seguramente. Murió Francisco, y los de su cuerda le han presentado al Papa León el Expediente; y el Papa lo ha firmado para «que siga la fiesta»: adelante. Todo por las Misiones.
Toda esta «historieta» que, si no fuera cierta, solo daría para un chiste medio verde: entre religiosos, supongo, especialmente de la Curia. Desgraciadamente es cierta. Y esculpe el desmantelamiento de la Iglesia y su conversión en una monstruosidad; que, para mayor risión y burla blasfema, lo hace de la mano de quienes debían ser sus mejores puntales.
Hay una frase que, más o menos dice así: que «Dios perdona siempre, pero la Naturaleza o la Vida, nunca».
¿Cómo acabó la cosa? También sería un mal chiste, si no fuera verdad. El Mons. y su fiel religiosa, como por lo espiritual no iban, se centraron en lo social. Y claro, como las Compañías de petróleo estaban machacando algunas tierras de de los huaorani, Mons. y cía se ofrecieron para ser intercesores ante los jefes de las Compañías, que no les hicieron el menor caso. No sé si fueron «en cueros», para impresionar, o con sus vestidos tradicionales de religiosos; lo cierto es que se volvieron con las manos vacías.
Los otros jefes, los de los «natural potable» y los de «las semillas del Verbo», se lo tomaron muy a mal. Y se lo cargaron, de modo «incultural»; seguramente para darle una alegría al Mons in puribus. Y lo atravesaron reiteradamente con lanzas y flechas, hasta la muerte: vamos que lo dejaron hecho un Sebastián «inculturado» en huaorani.
¿Y qué ha sido de los tales «inculturadores» de la selva tropical? Todos se han hecho Protestantes de rigor: como era lógico de toda lógica.
Se Capuchino-Sacerdote-Misionero-Obispo (siempre por lo social, ojo) y «pelotari» de rigor, todo en uno, para acabar así… Vamos: pa’ no echar gota…
Claro que, quizá lo de «venerable» y lo del Proceso hayan tenido todo ésto en cuenta y lo meten como «mártir».
En esta «iglesita» en la que estamos, hasta ésto es posible: ¡Cosas veredes, Nicomedes!



Deja un comentario